viernes, 5 de febrero de 2016

Conexión 6

Por Bill:
Salí de clases, y como a Tom se le había ocurrido no venir a hoy, tuve que volverme con un transporte público.
Joder, mis padres aún no me compran un auto. No quiero depender de Tom.
La verdad estaba bastante molesto, así que decidí no ir a su casa.
Fui a mi casa, entré y ahí estaban mis padres sentados en la sala, hablando con alguien, no sé quién sería, pero no dudé en acercarme.
-...Y como es ya fin de semana... -Y se interrumpió al verme- Ahí está. ¿Qué tal, Bill?
-Hola, Tom. -Me acerqué a saludarlo con un beso en la mejilla, al igual que a mis padres- ¿De qué hablaban? -Dije mientras me sentaba al lado de Tom.
-Bill, tu tía está mal, ya sabes, por la enfermedad que te habíamos dicho el otro día. -Dijo mi madre.
-Y como seguro tú no querrás ir, por el internet y la ropa. -Añadió Georg- Decidimos que te podrías quedar sólo.
-Pero vino Tom, y nos dijo que quería pasar un fin de semana contigo. -Sonreí, la idea me agradaba.
-¿Y donde nos quedaríamos? -Pregunté mirando a mis padres luego a Tom.
-Aquí. Se quedarían aquí todo el fin de semana. -Dijo mi madre.
-Bah... Estamos cerca de mi casa, y me gustaría que nos aislemos, sólo por el fin de semana, claro. -Tom volteó a verme.
-Justo éso estábamos discutiendo -Dijo Georg-. Bill, ¿a donde quieres ir tú?
-A mi me da igual, me gustaría estar sólo con Tom. Pues, debo pasarle algunas tareas, y él a mi. Además por internet no terminas de conocer a alguien.
-Lo mismo digo. -Dijo Tom volviendo a mirar a mis padres.
-Miren chicos. -Georg miró a mi madre y luego siguió hablando- Yo tengo una pequeña casa, en un bosque. No tienen que preocuparse, es saliendo de la ciudad y no hay nada peligroso ahí, como animales grandes, ya saben... puede que encuentren alguno que otro, pero no serán la gran cosa.
-Pero no creo que Bill quiera, cariño. -Mi mamá volteó a ver a Georg- Sabes que él no es de esos lugares...
-Pero si es por Tom. -La interrumpí.
-¿Estarás sin internet? -Preguntó ella mirándome.
-Pues... Debemos estudiar para la evaluación del lunes, y no necesitamos internet.
-En todo caso llevaremos algunos libros. -Dijo Tom.


De hablar un rato más con mis padres, llegamos al acuerdo de que Georg nos llevaría hoy por la noche, así volvíamos el lunes por la mañana ya directo a la universidad.
Ahora estaba con Tom acomodando algunas cosas en mi cuarto para llevar.
-Bill... Yo iré a mi casa para decirles a mis padres lo planeado y para guardar algunas cosas, ¿vale? -Dijo Tom sentándose en mi cama.
-De acuerdo. -Dije y me senté a su lado- ¿Qué haremos hallá? Seguro nos aburriremos. -Dejé mi cabeza en su hombro. Él pasó su mano por mis hombros y enseguida respondió-;
-Nos divertiremos, créeme.


Por Tom:
Cuando volteé, luego de dejar a Gustav en su escuela, estaba ella. Seguía rubia, bonita, y ese rojo fuego en los labios que le queda muy bien.
-Hola, Tom. Cuanto tiempo. -Dijo Natalie y se acercó a dejar un beso en mi mejilla, enseguida se lo devolví de igual forma.
-¿Qué tal, Natalie? ¿Cómo estás? -Apenas dije sin prestarle mucha importancia.
Ella me dijo que estaba bien, y hablando un poco más terminamos en una cafetería. Ella me quería sacar tema del pasado a toda costa, pero yo se los esquivaba sin mucha dificultad.
Cuando todo se puso incómodo decidí decirle que tenía cosas que hacer. Pero me tomó de la mano y... por un momento pareció rogarme, joder, eso sí fue gracioso. La tía aún no me supera.
-Tom, quédate un momento más.
-¿Para qué? Lo siento, ando muy ocupado con la uni, Natalie.
-Dime, ¿tienes pareja? -¿Y a ti que te importa?
-Estoy conociendo a alguien.
-Oh... Ya veo.
-Adiós, fue un gusto verte. -Y dejándola con la palabra en la boca, me levanté y salí de ése lugar.
No fui a mi casa, fui a un SexShop, por algún lubricante y de paso algún juguete sexual.
Cuando estaba por pagar, recordé los condones. Joder, casi los olvido.
Nos divertiríamos mucho en esa casa de Georg.
Dejé las cosas sobre la caja y me volví a por unas tiras de condones... Creo que dos estarían bien.
Me puse en la fila esperando para pagar.
-Son 87 dolares, señor.
¿87 dolares? ¿Por un lubricante, un juguete sexual y dos tiras de condones? Están locos.
Lo pagué sin replicar y salí de allí con mis cosas.
Los dejé en mi casa y fui hacia la de Bill, para decirles a sus padres que quería pasar el fin de semana con él.
Parece que me tienen confianza, o al menos eso aparentaban cuando les dije mi idea, enseguida aceptaron.
Luego de unas horas de platicar, llegó Bill y él dijo que sí quería, así que quedamos con que éste noche saldríamos y volveríamos el lunes por la mañana, ya directo a la universidad.


Ahora estábamos en su cuarto, le dije que debía irme hacia mi casa, pues, debía tomar las cosas que compré, guardarlas y preparar todo para llevar.
-De acuerdo. -Dijo y se sentó a mi lado- ¿Qué haremos hallá? Seguro nos aburriremos. -Dejó su cabeza en mi hombro, yo pasé mi mano por sus hombros y respondí-;
-Nos divertiremos, créeme. -Volteé mi rostro y tomé sus mejillas para besar suavemente sus labios- Tengo algo que mostrarte, pero será allá, así que ve haciéndote ideas.
-Hum... De acuerdo, iré pensando que podrá ser.
-Voy a mi casa. -Dejé otro beso corto en sus labios y me levanté para irme, nos despedimos y salí de allí, saludé a los padres de Bill en la sala y fui hacia mi casa.


Ya había tomado las cosas, la ropa necesaria, las cosas que había comprado, alguna colonia, cepillo de dientes, dentífrico. En fin, las cosas que más necesitaría.
Ahora estaba con mi auto en la puerta de mi casa, con Gustav mirándome, llenándome de preguntas como siempre; Que ¿a donde iba? ¿Por qué me iba? ¿Por qué con Bill? ¿Acaso no estaba todo el día con él? ¿Qué íbamos a hacer? Y ¿Por qué él no podía ir?
-Son cosas de la universidad, Gus, si vienes te aburrirás. -Dije acariciando su cabello con una mano.
-¿Números?
-Sí, muchos números.
-No quiero ir. -Reí al oírlo.
-Eso me supuse.
-¿Prometes volver pronto?
-No me iré por mucho, en... dos o tres días estaré aquí.
-Es mucho, debes ayudarme con la tarea y...
-Gustav, ya estás grande -Le interrumpí-, ya vas a quinto, creo que debes hacer la tarea por ti solo.
-No estoy grande, se supone que debes mimarme.
-Lo siento. -Dejé un beso en su frente y subí a mi auto al ver a Bill salir de su casa.
Él también subió a mi auto luego de dejar unas dos valijas en la puerta trasera. ¿Qué pensaba llevar? Subió del lado de copiloto y me sonrió mientras se ponía su cinturón.
-¿Qué llevas ahí?
-Lo que necesitaré para estos días, Tom.
-¿Todo eso?
-Debo verme bien.
-Bill, estaremos en un casi bosque. Saliendo de la ciudad. ¿Quién va a verte?
-Tú. ¿Pretendes que no me arregle solo por que estaremos nosotros dos?
-Sí, quiero que te veas... “Natural”.
-Jaja. -Rió sarcástico- Ni lo sueñes.
Georg hizo una seña con la mano, queriéndonos decir que lo siguiéramos, enseguida encendí el auto y comencé a manejar detrás de él.
No volví a hablar con Bill por un largo rato.
En unos de los semáforos en los que me detuve, recordé lo del examen para el lunes, que él había nombrado delante de sus padres. Yo no pensaba estudiar. Yo quería preguntarle si quería ser mi novio, y cuando aceptara, usaríamos las cosas que compré, que por cierto, aún debía mostrárselas.
-Lo dije solo... Como por unas de las razones por las qué debíamos pasar tiempo juntos. -Dijo volteando a verme, sonriendo de lado.


Luego de unas tres horas por lo menos, frenábamos frente a una pequeña casa, Bill ya se había dormido, era tarde, lo entendí y sin despertarlo, entré a aquella casa junto a Georg, quién me mostró los cuartos.
-Hay un cuarto para cada uno. Éste cuarto tiene una cama de dos plazas, ya que es una cama de matrimonio y la otra para el hijo. -Me decía Georg. Creo que ese cuarto que él me decía, para el hijo, no lo usaríamos. Al menos yo pretendía usar el matrimonial.
Salimos luego de ver todos los cuartos, pequeños, pero estaban bien. Sin despertar a Bill entré las valijas junto a Georg y al fin, lo entré a él. No se despertó, lo recosté en esa cama que era matrimonial y lo dejé en ese cuarto.
Me estaba despidiendo de Georg cuando Bill salió de golpe del cuarto, parecía asustado. Suspiró al vernos a ambos.
-¿Ya te vas, Georg? -Preguntó.
-Sí. Tengan cuidado. -Volteó para irse- ¡Ah! Tom, Simone me dio algunas cosas para que se preparen para cocinar. No creo que les quieran traer las pizzas aquí.
-De acuerdo. Gracias, Georg.

Nos despedimos y él se marchó.